domingo, mayo 29, 2005

Home Sweet home

Estamos de vuelta:

ESDLV

Juan Carlos, ¿nos puedes apuntar el dominio otra vez para allá? (80.33.178.48)

(Te pongo un poco de publicidad de paso: www.FactoriaDigital.com ;)

domingo, mayo 22, 2005

El agua que sabía demasiado

Viernes tarde después de una agotadora semana de trabajo en la que, por tercera vez en lo que va de Mayo y en virtud a la religiosidad de Baviera, no hemos trabajado cinco días seguidos. Amén. Gracias al Ratzinger (Bávaro de no lejos de aquí) y a su hermano, que detenta algún tipo de cargo eclesiástico aquí mismo en Regensburg.

La semana que viene se larga Gorrino quince días y me deja de nuevo en la estacada. El tío se va con la Natalí nada menos que a Sudáfrica, a nadar entre tiburones y a matar cocodrilos con sus propias manos. Hoy mismo venía de comprar los medicamentos contra la malaria.

---Joder, 180 euros los medicamentos contra la malaria ---bramaba.

La verdad es que sí que es caro para ser una enfermedad que ni siquiera tiene todavía. Espero que no pille nada de todo el catálogo que ofertan por allí.

He pasado la semana con Flaviu retocando especificaciones hasta la exasperación. Si tuviera un tumor en un huevo lo llamaría Flaviu. Esta tarde le he dado un telefonazo a Rumanía porque no tenía claro que tuviera que cambiar un mapa de pérdidas de par motor por influencia de la dirección asistida.

---Oye, que esto que me dices aquí me parece que va a ser que no.

---Espera... Ay, tienes razón, me he colado. Perdona ---se excusaba el pobre apurado--- es que estoy muy cansado. Perdona...

No, no, si no pasa nada, pensaba yo. Si el que tiene que estar hasta los cojones de alguien debes de ser tú de mí. Animalico...

Siempre me quejo de que nunca tengo nada que leer cuando voy al baño en el curro, ya que me da cosa meterme con una revista de coches en el reservado. Hoy había bajado al séptimo a preguntar unas cosillas cuando me ha dado un apretón por el camino, así que he terminado corrigiendo la especificación con un boli sentado en la taza del váter. Al final no ha hecho falta ni preguntar. Si lo que no se resuelva con una buena cagada...

Nuestra Softie tiene un par de críos gafotas, como ya he comentado alguna vez. Se ve que tienen madera de artistas y su madre les ha colocado en el pasillo un par de dibujos de coches para que la gente se recree. Me llamó la atención que uno de los coches está conectado a lo que parece ser un detonador de dinamita de los del Correcaminos, marca ACME. El caso es que, junto a una flecha que lo señala, se adjunta el siguiente texto descriptivo:

"Detonador de TNT de juguete"

Joder, de juguete, no vaya a ser que explote y mande el papel a tomar por culo. Los niños alemanes son de un precavido que asusta. El chaval ese se echa una partida al GTA y le da un infarto al atropellar al primer yonki.

El martes tuve una pequeña conversación ilustrativa del sentir de los alemanes en esto de la vida en general. Estaba llenando una taza de agua en una cocinita que tenemos cuando apareció una colega de MiniPerryGmbH. La tía es más basta que una lija del doce. La llamo la Rascafigas por sus posturas en la silla mientras el Stork desgrana asuntos de vital importancia para la empresa en las reuniones de cada 15 días. La tía se asoma a la taza curiosa y me pregunta:

---¿Qué bebes?

---Eerhm... agua... ---le muestro el contenido.

---¡Puaj!, no sé cómo puedes beber eso.

Aquí es cuando alucino en colores durante unos segundos que ella aprovecha para lavar su taza.

---¿No bebes agua? ---pregunto sin salir de mi asombro.

---¿Agua? Pero si no sabe a nada.

Nos ha jodido, la tía ha descubierto la pólvora. No bebe agua porque no sabe a nada, no le llena el paladar. Por lo visto se le ha olvidado que su cuerpo es agua y grasa a partes iguales, y que debería reponer la que pierde emitiendo ese intenso aroma bajo las alas. Es como si la tía dijera: No cago porque me molesta mucho el olor, y a veces incluso duele, como si te saliera un cactus por el culo.

Le hubiera explicado unas cuantas cosas sobre fisiología y la vida en general, pero mi alemán no da para tanto. Tampoco creo que deba predicar en el desierto, que no soy el hijo de dios. La Rascafigas se alejó y se enchufó medio litro de una botella de plástico que contenía un líquido fluorescente. Le faltó eructar sonoramente como Ignatius.

El miércoles no pude ir a entrenar el Decathlon porque tuve que quedarme hasta más allá de las siete currando, un sacrilegio. El chaval del CAN Spec me llamó porque su Flaviu particular le había pasado un Review en el que decía que no cuadraban las unidades de una fórmula, amén de dos docenas de rectificaciones que no me atañían, así que tuve que bajar a ver qué pasaba. En realidad la cosa se podía haber resuelto en quince minutos, pero es como en los exámenes, que tienes que sumar dos y dos y lo repites cinco veces con la calculadora por si hubiera alguna desviación en los resultados.

Después de hora y media de bregar, descubrimos que el fallo venía de un error en los requerimientos de Perryford, que había decidido que el momento se mide en newtons partido metro y no en newtons por metro como me enseñaron en la universidad. Llamamos a Gorrino por si las moscas, ya que si Perryford dice que las unidades del momento son newtons partido metro, por algo será. Total, que se me hizo tarde pero por lo menos metí un par de horas extra en la cuenta que me cobraré un viernes en el que esté hasta las narices de Flaviu.

Después de un par de semanas en las que veía negro mi futuro porque en el dominio de par motor tienen poca faena, me vi obligado a preguntale a Juanito, el jefe de dominio. Me dijo que después de acabar lo que tengo entre manos quedaban las validaciones y unas cuantas cosas más que hacer, así que la prolongación de mi contrato estaba asegurada. Esa noche volví a dormir.

Hubiera sido una putada que, después de decidirme a comprar una cama y una silla de cuero de ejecutivo por 35 euros que se baja sola, hubiera tenido que hacer el petate. Hoy me he animado y he pasado de nuevo por la tienda de muebles, donde me han dicho que me cambiarán el cilindro defectuoso de la silla y además me he llevado una lamparita para la mesa de la habitación. Por fin voy teniendo cosas para cuando tenga que tirar la casa por la ventana.

No pude ir al Zehnkampf pero continúo con mi entrenamiento de fondo. Estoy ya en siete kilómetros por salida. A nivel cardiovascular estoy como una pera, pero las piernas no me tienen al final del trayecto. Me falta la chicha que he perdido en estos meses de inactividad. Nada que unas salchichas al curry de la Kantina no puedan remediar.

Ahora, en plena primavera, a las orillas del Danubio se forman unas enormes nubes de pequeños mosquitos que uno tiene que atravesar mientras va corriendo con la boca abierta de par en par. Cuando te impactan en el paladar y las tienes que escupir es algo molesto, pero cuando alguna se mete hasta más allá de la campanilla y tienes que parar a toser entre estertores, entonces es una putada. Nos ha jodido mayo con las flores.

Ratuza está este fin de semana en España con motivo del examen teórico para motocicleta. Hoy mismo me ha comunicado Gorrino que el evento se ha saldado con éxito. Tanto descojonarnos en los cafés y de aquí nada el tío estará a lomos de un pepino. Mientras tanto, a Gorrino le han mandado desde la piel de toro el carné de conducir internacional con vistas a Sudáfrica. En tráfico a alguien se le ha ido la mano y se lo han expedido en el 2004, con lo cual cuando le llegó a las manos estaba ya caducado. Esto de tramitar documentos en el pasado es lo que tiene.

...

Ehem... Sigue siendo viernes, pero ahora de madrugada. Son las tres y he vuelto a casa porque mañana quiero comprar un montón de cosas. Es lo que tiene ser el rey del mambo y que te salgan los euros por las orejas. Eso y no tener una triste lamparita para leer por las noches en la cama. Aunque la noche se estaba poniendo buena, tengo que aprender a decir que no. Estoy harto de los fines de semana que pasan en blanco porque me levanto a las dos de la mañana como una comadreja. No, ahora que los días empiezan a ser soleados hay que moderarse para poder disfrutar del astro rey. Eso sí, habrá que comentar unas cosillas que me han sucedido por el camino durante la noche. A ver si las puedo ordenar. Empezamos por el final.

De vuelta a casa me han parado un par de 18añeras con una chufa de cuidado. Cuando a una le saltaba el hipo la otra le cubría las espaldas. Ambas de merecer, pero ya es un mercado que la decencia me tiene vedado. Me preguntaban por un bar que tenía un nombre extraño hasta para mí.

---Lo siento, no sé dónde esta eso ---he repetido varias veces.

Al cabo de las varias veces, una ha dicho:

---¿No eres de aquí?

---No, no soy de aquí.

---Tampoco eres de Alemania, ¿no?

Joder, tía, estás hecha un lince. Te voy a dar dor diverpuntos.

---No, soy de España.

---¡Aaaaaah, Espaaaaaaña! ---a coro---. ¿Qué estudias?

Bien, muchas gracias, no esperaba menos. Hace tiempo que dejé los 25, pero se agradece en cualquier caso. Por lo visto debo de aparentar al menos unos meses menos de los que tengo, porque de vez en cuando me dan alegrías de este tipo. A estas edades estas cosas son ya piropos. Bueno, el caso es que no sé ni por qué cuento esto. Pasemos de línea.

Las alemanas son de segundos intentos, lo tengo comprobado. La primera vez que intentas un abordaje frontal siempre resulta en:



  • Culebra: Movimiento espasmódico de retroceso acompañado de cara de asco. La cosa pinta muy mal.

  • Mejillón: Se escora la cara y se presenta la mejilla. Lo siguiente es algo del calado de "mañana tengo que madrugar" o alguna perla de ese estilo que te deja cavilando. Pinta mal.

  • Limbo-huey: La cintura permanece donde está pero la cabeza retrocede como si fuera a superar un listón por debajo frustando toda posible maniobra malintencionada. Pinta mal.



El caso es que, sea cual sea la situación que se presente, nunca hay que tomarlo como una negativa. Puedes recibir dos culebras y un mejillón antes de tener éxito, o un limbo-huey y dos mejillones, o cualquier otra combinación que se te ocurra. Una negativa inicial de una alemana nunca es un NO. Me pregunto cómo se quitan de encima aquí a los buitres. En fin, no me explayaré más que soy siempre muy comedido en estos temas personales, por muy atractivos y truculentos que os puedan resultar.

Hemos ido a un sitio que se llamaba Mr. Bricante o algo así. Había oído hablar de las bandas de rusas que operaban en el garito, pero nunca había estado en este lugar recientemente inaugurado. Había oído que era algo pijo (schicki-micki dicen aquí), pero no esperaba el recibimiento. Tres porteros (3) trajeados había en la puerta recibiendo al personal.

Yo iba informal. Vamos, con lo mismo que había llevado durante el día en PerryAG, que no soy de los que se esmeran para salir por ahí: chaquetita blanca, camiseta verde por fuera, pantalones de diez euros de saldos de El Corte Inglés pero que dan el pego y las famosas zapatillas de 60 mortadelos con detalles naranja fluorescente ahora ya venidos a menos.

Primero ha entrado Gorrino con una amiga sin problemas. Si vas acompañado de una mujer nunca se te cierran las puertas. Luego veníamos Alberto y yo discutiendo sobre la vida y la muerte cerrando el pelotón.

El primer portero estaba despistado ocupándose de otros asuntos, así que en seguida ha quedado descartado. El segundo, coquipelao y con un pinganillo en una oreja, me ha dejado pasar. El tercero ha sido el bueno.

Ha empezado mirándome las zapatillas. "Vale, ya me voy a casa" he pensado. Luego ha seguido subiendo. Justo cuando he llegado a su altura ha desplegado el codo con sutileza pero impidiéndome el paso, muy profesional. Gastaba unos rizos morenos y una barba extraños para estos lares, pero se le veía muy curtido en esto de cribar a la peña, como si hubiera trabajado en Miami beach o en Vice city. "Vale, comenzamos maniobra de evasión. Ciento veinte grados y contando".

De repente me dice:

---¿Hablas español? ---en perfecta lengua del manco de Lepanto.

---Sí claro ---he respondido sorpendido.

---Tira para adentro...

De piedra me he quedado. Alberto y yo hemos franqueado la entrada como reyes y al llegar a la barra me he metido la camiseta por dentro para no llamar la atención. Curioso el evento.

Si os parece, aparte de cualquier cosa que se os ocurra, podemos hablar de los porteros de discoteca. Seguro que tenéis un par de historias hippies de esas que os gastáis. Yo creo que cierro ya la parada pase lo que pase este fin de semana, que ya he escrito bastante.

Si todo va bien, coder mediante, el próximo ESDLV se editará desde la antigua ubicación. ¡Nos vemos!

lunes, mayo 16, 2005

El Zehnkampf y la madre que lo parió

Una vez más las hormonas me han vuelto a meter en un lío. Como comentaba la semana pasada, el martes había visto una manada de ciervas en mallas intentando saltar altura, así que este martes volví al lugar del crimen tras un trotecillo de quince minutos. Se me había hecho algo tarde, así que cuando puse los pies allí estaban ya recogiendo la aparamenta y apenas se veía algún ejemplar por allí. Me acerqué al entrenador y le expuse la versión sesgada de la historia: que en mi juventud había hecho salto de altura y que al ver a las chicas aquellas me había entrado un fervor deportivo de cuidado, que a ver cuándo podía saltar un poquillo. Me remitió a un chaval que había por allí colgando unos carteles.

Zehnkampf, me dijo, Zehnkampf. Puedes venir mañana. Entrenamos todos los miércoles y tendrás la oportunidad de saltar altura.

Hmmm, los miércoles, extraño. ¿Y qué será eso del Zehnkampf?

Sí, sí, los miércoles los tengo libres. Tendré que salir un poco antes del trabajo pero no hay problema. El asunto es demasiado atractivo como para dejarlo pasar. Así que el miércoles, después del trote de rigor, estaba a las seis en punto.

Zehnkampf, la madre que los parió. Con lo que les gusta adoptar palabras extranjeras ya lo podían haber llamado decathlon, como se llama en todas partes.

Sí señor; estoy embarcado en un entrenamiento de diez semanas para una prueba de decathlon que tendrá lugar a mediados de Julio. Sí sí, con lanzamiento de javalina y salto con pértiga incluidos. Y de chatis prácticamente nada; casi todo treintaymuchoañeros y varios abuelatas. Podría dejarlo, claro, pero me ha hecho gracia y voy a entrar hasta la cocina.

El asunto tiene lugar todos los miércoles de seis a ocho. Llegamos, se trota un poco, se hacen unos ejercicios para poner el cuerpo a tono y luego se pasa a entrenar las pruebas, un par por sesión. El primer día estuve saltando altura y lanzando javalina.

La sensación de volver a superar el listón 13 ó 14 años después es indescriptible. Fui el único de los presentes en pasar por encima del metro sesenta, y eso que los había que apuntaban maneras. Son veinte centímetros menos de lo que llegué a saltar en tiempos, pero para ser así en frío no está mal. Además, es duro hacerse cargo pero hay que hacerlo, ya no tengo 15 años. Al día siguiente me ardían los gemelos, y las agujetas en el trapecio me duraron varios días. De dónde saca uno agujetas en semejante músculo saltando altura, eso continua siendo un misterio.

Para lo de la javalina tengo mano. Al primer intento la clavé, y cinco lanzamientos más tarde ya me había puesto en unos 20 metros. El trasto no pesa nada, pero hay que tener mucha maña para que salga tieso y no termine dándose la vuelta y clavándose por el lado que no toca ni en la espalda de nadie. No puedo esperar para el salto con pértiga. Verás que hostia, verás, ni te lo esperas.

Curioso el asunto del decathlon. Iré contando cada semana cómo va el tema.

La semana pasada apenas sabía dónde queda Timisuara, y ahora es uno de mis lugares más odiados del mundo. Un tal Flaviu lleva cuatro días bombardeándome con revisiones de mis especificaciones: en la primera había 16 errores.

No son cagadas gordas, pero es que tiene que estar todo perfecto, lógicamente. Tenemos un juego la mar de cachondo: él me manda una review con 16 fallos, yo le digo que estoy de acuerdo y que le mandaré la especificación corregida, se la mando y él me la devuelve junto con otra review en la que dice que, de los 16 errores, ahora quedan 10. Corrijo, mando y me dice que ahora son 6, y así hasta que se cansa o se acaban los errores. El tío debe de pensar que soy gilipollas perdido.

Después de jugar al ping pong con Flaviu durante varios días, me he dado cuenta de que el problema es que, el que hizo la especificación en su momento, cuando le apuntaron los errores corrigió sólo la especificación, pero no el modelo. El resultado es que cada vez que generas la especificación desde el modelo, el zurullo vuelve a salir a flote.

¿Cómo es posible que alguien sea tan manazas y tan descuidado como para hacer las cosas tan mal? se preguntará el lector. Creía que esas cosas sólo pasaban en España.

Las respuestas son varias, pero se pueden resumir en dos:

-En todas partes cuecen habas
-El responsable del desaguisado es Gorrino, español de pura cepa.

Por lo menos he estado entretenido. Esta semana no tenía mucha faena y me la ha estado proveyendo el Flaviu. El tiempo pasa mucho más rápido cuando tienes cosas que hacer.

Por fin, después de más de un año de vivir en Regensburg, me he comprado una cama. Me la dan en diez días porque sólo tenían la de exposición, pero por lo menos ya es mía. Frustrado por volver a casa sin cama, me agencié una mesa de cocina la mar de recia para ponerla en un rincón de la habitación. Luego pasé por la sección de sillas y vi un sillón de ejecutivo en cuero negro por 35 pavos que no pude resistirme a dejar pasar. Hammerpreis ponía, precio bomba. La verdad es que es un pedazo de sillón, en cuero de verdad, regulable en altura y con asiento rechinable. Y con reposabrazos y todo. Te sientas y te entran ganas de firmas un par de cartas de despido. No tengo ni idea de cómo se puede fabricar semejante joya a tal precio. No sé cuántos niños habrán participado en su elaboración, pero desde luego pueden estar satisfechos de su trabajo.

Total, que ahora tengo una mesa de cocina, un sillón de ejecutivo y un colchón en el suelo: la habitación perfecta. Las cosas no pegan ni con cola, pero la practicidad es mi lema. Ahora sólo necesito un par de estanterías y alguna cajita para meter trastos.

Cómo se nota que ahora tenemos una chica en casa. No es sólo que todo está más limpio porque nos ha puesto las pilas, no. Son esos pequeños detalles los que marcan la diferencia, como una plantita en el comedor o una caracola de mar encima de la lavadora. Un día va a salir por la ventana en un centrifugado.

El Chano, mi amigo del alma y compañero de piso, y yo hemos estado en guerra durante algunos días. Bueno, en realidad una tarde, porque ni él ni yo sabemos guardar rencor más allá de la mañana siguiente.

Yo le echaba en cara que no limpiaba en casa y que la última vez que estuvo en el Netto en la caja le había hecho la cuenta con un ábaco. Él decía que mentía como un bellaco, y que el día anterior había vaciado el lavaplatos.

¿Y qué se siente? le preguntaba yo, y ya la teníamos liada.

Pero nada, ya hemos hablado el asunto y está el tema zanjado hasta la semana que viene, cuando tenga que desayunar en PerryAG porque en casa no queda ni leche.

Los albóndigas andan ahora alborotados porque el Alberto nos ha suministrado el GTA Vice City, un juego en el que vives en una ciudad de vicio y perversión y te pasas el tiempo robando coches, atropellando peatones y sacudiendo a la gente. Ratuza y Gorrino se pasan las tardes tumbando farolas, y yo tengo suerte porque mi portátil no tiene aceleradora gráfica. Ahora se lo hemos instalado al Chano y, conociendo cómo es incapaz de resistirse a la tentación de echar una partidita en los momentos más inoportunos, me temo que le hemos arruinado la vida. De aquí nada lo deja la novia y lo tiran del trabajo.

Por supuesto Alberto tiene el juego convenientemente tuneado, y los coches de los agentes de la ley son los Mercedes verdes de la Polizei. El juego ese es un peligro; te echas un par de partidas y bajas a la calle y lo primero que se te ocurre es robar un taxi y llevarte la parada del autobús por delante. Yo estoy en contra de limitar el acceso de los chiquillos a los videojuegos, pero es que nunca había visto algo así.

¿Y tú?, ¿ya has atropellado a una puta hoy?

miércoles, mayo 11, 2005

¡Y dos huevos duros!

La verdad es que apenas conozco a Jorge Cortell. Tengo el placer de ilustrarle una columna de opinión todos los meses en la revista Personal Computer & Internet, y al principio del periplo intercambiamos un par de emails congratulándonos por el inicio de esta pequeña empresa conjunta. Ahora Jorge es mi héroe. Un tío con dos cojones, uno de los que van y hacen, y no de los que van y pasan de largo (estos últimos los conozco bien, pues muchas veces soy uno de ellos).

Como a mí también me gusta ser de los que van y hacen, no puedo hacer menos que contar un poco cómo han sucedido las cosas en las últimas semanas.

Todo empezó así:

Si las redes P2P son ilegales, que me detengan (anuncio cuándo y dónde las usaré en público).

Para el que no lo sepa, las redes P2P son aquellas de las que uno se baja música, porno, pelis, porno, y alguna cosilla más. Jorge Cortell, así como otros muchos entendidos en la materia (para algo son abogados) opinan que las descargas se pueden encontrar dentro del derecho a la copia privada y que por lo tanto son legales. Vamos, que si yo me bajo Manos_arriba_bragas_abajo-by_Deamon_X5X.avi de Lucifer54, es como si le pido a un amigo que me deje un CD de música y me lo grabo: copia privada sin ánimo de lucro. Algo así como que hay que tener un poco de sentido común y que no se le pueden poner vallas al campo.

Pues bien, Jorge anuncia que va a montar una conferencia en una sala de la Universidad Politécnica de Valencia, donde es profesor externo, para explicar por qué no es delito bajarse cosas de las redes P2P. Para más inri, avisa a las autoridades policiales y a los medios de comunicación, diciendo que, si es delito, que tengan huevos y vayan a cogerlo, que lo van a pillar con las manos en la masa.

El caso es que de repente, todas las salas en las que normalmente se suelen realizar conferencias, que son unas cuantas, están ocupadas. Jorge se recorre el campus haciendo reservas en diversos lugares que pasan a estar indispuestos al cabo de unas pocas horas, como después de una indigestión de almejas.

Al final se organiza en plan picnic, como buenamente se puede, y se termina en la terraza de una de las cafeterías del campus. Ahí el payo Cortell se marca cinco horas de cháchara ante unas 150 personas. Curiosamente, con lo que les van a los medios de comunicación estas cosas, nadie se presenta para cubrir el evento. La culpa es de Jorge por dar un coñazo de conferencia en vez de liarse con Marujita Díaz.

Poco después llegan las consecuencias de su temeridad. Pero vamos, en dos días: Jorge Cortell ya no imparte clases en la UPV. No sólo la universidad se lo funde de la parrilla, sino que intentan desvincularse completamente de semejante fulano: "Cortell nunca ha sido profesor en la UPV". Como bien comenta Fuckowski (y el propio Jorge) al más puro estilo 1984. Ahora sí que aparecen los medios de comunicación para echarle ua mano, pero al cuello. Que si "conferenciante" en vez de profesor, que si charla ante sus "acólitos", que si varias decenas de personas (sí, exactamente 15 decenas de personas)...

La triste realidad es que, a día de hoy y sólo por ejercer su derecho a la libertad de expresión, Jorge Cortell:


  • Ya no imparte clases en la UPV
  • Ha sido amenazado de todo
  • Le han explicado que sus empresas van a empezar a tener inspecciones varias de todos los colores
  • Lo va a tener crudo para ser contratado en cualquier otra universidad en España y, ojo, no se le va a conceder ninguna beca de investigación (ahora va a resultar que tenemos de eso...)


Afortunadamente, parece ser que el tío se lo veía venir y tenía los riesgos ya calculados. Además es un tío de mundo y sabe que siempre se puede ir a un sitio en el que se valore a la gente que vale, que en España no se acaba el mundo y que, cuando dicen que Europa empieza en los pirineos, mucha parte de razón llevan.

Y todo por ejercer su libertad de expresión, por decir las cosas claritas y por intentar explicar a la gente que no es ilegal descargar cosas de internet, aunque a estas alturas nos lo hayan repetido tantas veces que ya no nos lo creamos.

Al final no se trata de si se puede bajar películas del internés ese ni de si es legal o no, se trata de la libertad de expresión y del "hacer lo que se tiene que hacer". "You have to do what you have to do" decían en el primer episodio de Futurama. Curiosamente Futurama es como la Biblia y Nostradamus, que tienen respuesta para todo.

En fin, me gustaría estar algo más lúcido para hacerle a Jorge el merecido homenaje, pero no es el caso. Sólo espero difundir un poco más su caso e intentar que todo el mundo se acuerde del asunto cuando ya se haya recogido el escenario. Porque Jorge somos todos. Hoy las leches se las lleva él, pero otro día puedes ser tú. Eso sí, tendrás que tener un par de huevos para ser tú, porque sólo los clavos que sobresalen se llevan el martillazo.

¡Pásalo!

domingo, mayo 08, 2005

En aquel momento parecío buena idea...

---¿Tú te lavas las manos después de mear? ---me preguntaba Gorrino el otro día durante el café. Me detuve a reflexionar unos instantes. Otra de esas preguntas filosóficas---me dije---, algo así como lo del árbol que se cae en el bosque y nadie lo oye.

---Depende ---contesté---. Si me las meo, sí.

---Eso es lo que digo yo ---replicó satisfecho volviendo al café.

---En todo caso me las lavo antes si las llevo muy sucias, por aquello de la higiene.

---Por supuesto ---dijo removiendo el negro elemento..

Son esas cosillas que uno nunca comenta porque luego lo llaman guarro, pero no nos engañemos: todo el mundo se mea en la ducha. Pocas cosas más placenteras hay, así de gratis. Y sí, si no están sucios, a veces repito calzoncillos y calcetines. No he venido al mundo para pasarme el día poniendo lavadoras.

No debería tomar café. Cuando estoy torrado y surge la oportunidad, me dejo embriagar por el aroma del café y sus promesas de una mañana más despejada. Pocas cosas me dejan el estómago peor por tan sólo 50 céntimos. Quizá una cucharada de lavavajillas. Todo el día de retortijones y a veces incluso malestar, pero sigo repitiendo. Y de despejarme nada; sigo mirando la pantalla con cara de profunda concentración pero sin enterarme de la misa la mitad. Eso sí, los ojos como platos, a cuatro parpadeos por minuto. Tengo que dejar el café, sus falsas promesas y sus traiciones estomacales.

Hoy ha sido un día terrible. Ayer fue jueves festivo y todo el mundo ha hecho hoy Brückentag, o sea, puente. Éramos cuatro gatos y yo tenía Delorean a primera hora de la mañana para validar un par de funcioncillas.

Cuando uno va a a coche a validar son tantas las cosas que pueden salir mal que siempre pasa algo. Alguien se puede haber dejado la batería conectada y te la encuentras descargada, alguien puede haberse llevado la centralita, el coche puede no arrancar por un bug desconocido... Si consigues salir del garaje, es fácil que no consigas conectar el portátil a la centralita. Puede ser el cable, puede ser la tarjeta, puede ser que tengas en el portátil un software diferente al que hay en el coche. Por supuesto también puede suceder todo a la vez. Hoy ha sido uno de esos días.

He podido sacar el Delorean del garaje, pero luego no conseguía conectar con la centralita. Nunca sé si hay que hacerlo con el coche en marcha o sólo con el contacto puesto, así que he estado probando todas las posibilidades. Después de una hora de indagaciones por varios departamentos me he enterado de que me han dado una centralita con un software diferente al que había pedido. Búscate ahora un softie, en pleno Brückentag, que te pase la versión correspondiente. Media hora más trotando por los pasillos desiertos.

Vuelta al coche y quince minutos más de infructuosos intentos de conexión. Al final se ha conseguido enchufar sin hacer nada especial. Bueno, vamos allá. Al ir a dejar el portátil en el asiento del copiloto me ha salido un mensajito diciendo que tenía demasiadas variables en el experimento y la centralita no iba a ser capaz de proporcionarlas todas en los intervalos de tiempo deseados. Venga, no pasa nada.

Normalmente basta con quitar algunas variables que no son imprescindibles y pasar otras de 10 milisegundos a 100, o mejor todavía sincronizarlas con la combustión de algún cilindro en concreto, que consume menos cpu a menos que subas de 2500 vueltas. He aparcado y me he dirigido a la cafetería, donde he reorganizado el experimento a la sombra de un café traicionero. Luego he vuelto a la carlinga.

El bicho seguía quejándose, así que he seguido quitando variables hasta que apenas veía en la pantalla del ordenador el número de revoluciones del motor y el porcentaje del recorrido del acelerador. Ha llegado un momento en que, hasta para alguien lego en la materia como yo, aquello apestaba a problema diferente al esperado.

Después de una hora bregando con el asunto, me he dado cuenta de que el cable que sale de la pcmcia estaba defectuoso, y de que cada vez que lo movía y hacía mal contacto, salía el mensajito de marras. Cojonudo, ponte a buscar un cable de esos en tal día como hoy. ¡Sereeenoooo! (palmas mirando al Entwicklungszentrum).

Tras andar dos kilómetros abriendo y cerrando puertas y cargándome y descargandome electrostáticamente de arrastrar los pies por moqueta y luego tocar un pomo después de otro, me he hecho con un cablecito. He bajado a la cafetería a comer porque hoy la cantina estaba cerrada, y me he dado un banquete compuesto por un plátano, un donut y un Snickers. Eso y otro café.

Pruebas de tracción en un pequeño descampado lleno de gravilla. Operarios observando el espectáculo. Control de tracción nulo. Función con más agujeros que un queso gruyere. De puta madre. Siguiente.

Cruise Control dando vueltas a los almacenes. A la tercera me he cansado y me he subido con el portátil a ver si con las medidas que había tomado era suficiente. Pues no, no era suficiente; a la mitad de las variables les ha dado por desaparecer a mitad de experimento. La madre que las parió a todas. Ocho pisos para abajo y de vuelta al Delorean. Tres vueltas más y a dejar el coche en el garaje.

Vaya, no se abre la puerta del garaje. Ya se me había olvidado que mi tarjeta no me da acceso al Tiefgarage y que siempre tengo que pedir a alguien que me mande en el ascensor como un mono en una cápsula espacial, portátil en ristre. Bueno, voy a devolver la llave y les digo que lo guarden ellos, que yo ya estoy hasta los cojones.

Vaya, las cuatro y media y ya no queda nadie en el despacho en el que dan las llaves. Bueno, voy a devolver el cable al chaval que me lo ha prestado tras firmar un recibo. Vaya, ya se ha ido...

Copia las medidas al directorio común y vete a casa. Vaya, como llueve, se me había olvidado. Un buen día para haberme quedado en la cama.

El otro día Minglanillas andaba trasteando y tenía un libro de PHP sobre la mesa. Gorrino corregía a ritmo trepidante un par de especificaciones para Perrygeot.

---PHP ---le dije a Gorrino señalando el libro. Gorrino salió de su mundo y miró el ejemplar confuso.

---¿Y eso qué es? ---preguntó.

---Un lenguaje de programación para hacer páginas web dinámicas.

---De puta madre ---contestó Gorrino volviendo a la pantalla---. Otra mierda más para no pegar un palo al agua.

Supongo que siempre hay dos puntos de vista para una misma situación.

Empiezo a estar hasta las nacires del PPS, mi jefe en MiniperryAG. Las reuniones de cada dos semanas se convierten en una ocasión cojonuda para demostrar que el tío está tan capacitado para llevar a un equipo de gente como el capitán del Titanic para llevar un barco. Sus habilidades sociales en España le habrían rajado las ruedas del coche varias veces.

En la penúltima reunión, cuando después de estar tragando rollo en alemán durante tres cuartos de hora y cuando la cosa parecía estar llegando a su fin, una de sus frases sin sentido me sacó de mi sopor.

---El señor Gonzo hace dinero mientras está en la cafetería ---dijo.

Mi cabeza se convirtió en un torrente de pensamientos mientras intentaba interpretar qué carajo había querido decir con semejante estupidez. Por un momento se me ocurrió que incluso podía no haberle entendido bien. Ante mi estupor, repitió:

---Sí, el señor Gonzo gana dinero mientras está en la cafetería.

Sí, le había entendido bien, debía de tratarse de otra de sus gilipolleces de órdago a la grande. Una de esas en clave con las que cree que se luce.

---Mi no comprende ---dije con cara de póker. Entonces fue cuando lo explicó.

---Hoy he ido a PerryAG y estaba el señor Gonzo en la cafetería tomándose un café ---expuso con su cara de retrasado crónico y una de sus mejores sonrisas del tipo "ahora es cuando todos me ríen la gracia". Desgraciadamente para él, una vez más, nadie le rio la gracia.

Le podía haber contestado muchas cosas, pero es que él mismo se desacredita. No se le puede dejar en evidencia porque siempre se adelanta. Es un auténtico fenómeno de la naturaleza. Le podía haber preguntado qué coño hacía él en la cafetería haciendo mucho más dinero que yo; le podía haber explicado que mis colegas de MiniperryAG no toman café porque se llevan un coche para validar, lo sacan del recinto, lo aparcan y se van a echar un kiki o a tomar unas bravas por ahí; le podía haber dicho que...

La segunda fue en la última reunión. Le había pasado una hoja con los dos días de vacaciones que me quería tomar ese mes y me dijo que le tenía que pasar el Nachstundenleistung. Hay veces que no sé si es que no entiendo alemán o es que el tío se explica como mis cojones. Le pedí que me lo aclarara, porque no sabía si se refería a la hoja de cálculo que relleno todos los días con lo que se supone que he hecho o a la lista que me mandan a final de mes con lo que se supone que he hecho.

Como el PPS veía que no nos terminábamos de entender, me llevó frente a un calendario enorme en la pared y, sacudiendo los días a palmotazos frente a alucinada la secretaria, me explicó que si mis vacaciones iban más allá del fin del mes, tenía que enviarle la hoja de cálculo con lo que se supone que hago antes de irme. Me dieron ganas de decirle que no era que yo fuera gilipollas, sino que simplemente no entendía bien alemán, o al menos su alemán. Hasta las narices estoy de sus soplapolleces. Como me prolonguen el contrato en PerryAG y en MiniperryAG me tengan que hacer fijo, le voy a exponer bien clarito que o me paga el alquiler del piso o le va a tener que explicar al cliente por qué su consultor le deja un proyecto a mitad. Anda que no soy yo nadie cuando me pongo farruco.

Fin de semana por fin. La Natalí en casa de sus padres, Gorrino y el Chano en Granada en una boda, Ratuza haciendo gestiones en España para sacarse el carné de moto, el Farruquito y Sonrisas en los Alpes desde el jueves por la mañana, y toda mi cartera de posibles ligues en desbandada fuera de la ciudad. Menos mal que hay fórmula uno, si no sería para pegarse un tiro con el tiempo que pronostican. (Nota para mi madre: no estoy depre ni nada por el estilo. Stop. Esto es una dramatización de los hechos en pro de la comicidad. Stop. Me cambio los calzoncillos todos los días).

He retomado el jogging esta vez en serio. Llevo ya varios días seguidos saliendo a correr, pero los inicios son duros. Me duelen las piernas de trotar despacio como un cochinillo, pero si acelero un poco paso de las 150 pulsaciones y no es plan. Paciencia y constancia y en un mes volveré a ser el que era.

El martes disfrutaba de la tarde corriendo junto al Danubio entre árboles y abuelos en calzas que me adelantaban sin siquiera resollar. Ahora corro unos cinco kilómetros, lo que significa llegar hasta una pista de atletismo que hay a la vera del río y volver. Había un grupo de gente haciendo salto de altura, el deporte de mi juventud. Como ya he comentado alguna vez, era una auténtica máquina y con 15 años llegué a saltar 1.80, un listón más alto que yo por aquellos tiempos.

Me acerqué a la valla y pude comprobar que, de las quince personas que tiraban el listón situado a media altura una y otra vez, catorce eran mujeres y tan sólo uno era varón, al margen del entrenador. Las chicas, de diversas edades pero todas de merecer, eran altas y esbeltas. Alguien las había convencido de que para saltar altura lo mejor eran las mallas ajustadas y aquello era un espectáculo para los ojos. Nalgas prietas trotaban de aquí para allá golpeando el listón una y otra vez mientras otras tantas esperaban a hacer lo propio. Me entraron unas ganas tremendas de hacer salto de altura de nuevo y alguna que otra cosa extra. Concluí que tengo que enterarme de cómo apuntarme a esos entrenamientos. Antes de que termine el verano tengo que haber sacado tajada de semejante nicho de mercado, vergel de nalgas tersas y licradas. La semana que viene sin falta tengo que estar federado.

Se me ha olvidado comentar que ya tengo la moto desde la semana pasada. Un tío cuyas carnes desbordaban por todas partes (todas) me la trajo en una furgoneta a la puerta de PerryAG. Estaba tan contento que le di 10 euros de propina para que se enchufara un par de Weizen al llegar a casa. Esa tarde Farruquito me perdió por los pueblos de la contornada hasta que se fue el sol y empezó a hacer un frío que pelaba. Desde entonces sólo la he usado para ir al trabajo y la mayoría de veces bajo la lluvia. No veo el momento de que deje de llover para salir a dar una vuelta en condiciones.

Tengo un dilema con el seguro y la matrícula. Por lo visto hay que matricular el bicho con placa teutona si lo tienes aquí más de tres meses. Puedo decir que estoy de paso, pero la moto está siempre debajo de casa, y la Polizei es bastante meticulosa. Por otra parte, el seguro español me cubre hasta noviembre, más que suficiente para cubrir la temporada, luego ya veremos, pero no sé hasta qué punto la cobertura en el extranjero es suficiente. Estas cosas son como todo, que falta que nunca pase nada hasta que va y pasa. Cambiar la matrícula son 10 euros, y el seguro de temporada lo podría sacar por unos 200 mortadelos, cobertura en caso de robo incluida (aquí no se roban ni la vez). A ver si alguien puede asesorarme al respecto..

No deja de sorprenderme que, a pesar de todas las animaladas que escribo aquí cada semana, todavía haya lectoras que muestran interés por mi persona y que incluso se lanzan a escribir que de buena gana compatirían mi lecho (al menos eso es lo que me gustaría interpretar a mí). Será que también se mean en la ducha y que les resulta atractiva mi campechana sinceridad. Por supuesto, si alguna quiere visitar Regensperry este verano, que sepa que está invitada cordialmente. Ni que decir tiene que su visita pasará completamente inadvertida a los lectores de El sentido de la vida, como tantas otras historias sórdidas que se han perdido por el camino. Otra cosa no, pero soy un perfecto caballero.

Y poco más. Menudo rollo he largado esta semana. Lo que hace la lluvia. Os dejo con una de esas frases de oro de la vida que leí el otro día por casualidad::

"En aquel momento parecío buena idea..."



(ejem, probando...)

lunes, mayo 02, 2005

The Tanqueta unleashed

Estoy en el bareto de debajo de casa enchufándome una Weizen y relajándome después de un duro día de trabajo en Perry AG. Este es un sitio tranquilo lleno de libros y con buena música italiana, como el dueño. No sé cómo no se me había ocurrido antes lo de bajarme el portátil para escribir la columna a la sombra de medio litro de cerveza. Me siento de un bohemio subido que no me aguanto.

Hoy me ha escrito un colega mexicano que trabaja en Perry AG al otro lado del Atlántico. Se le ha ocurrido mirar en la agenda del Outlook y allí estaba yo. He saludado con la patita. Si es que el mundo es un pañuelo con los tiempos que corren. Y algunos todavía dándose de leches por un terruño, con lo que hay que ver fuera del pueblo. La estrechez de miras se cura viajando, como decía Pío Baroja. A mí se me ha curado así.

Hoy he pasado el día en el banco de pruebas haciendo tests de integración. Se trata de poner todas las funciones juntas en una especie de megasimulador de coche y ver si funciona todo como debe. En realidad es una farsa, porque no hay nada como un Delorean para probar estas cosas, pero es que si no las funciones no alcanzan el nivel de madurez cinco en calidad dicen que no se puede seguir trabajando con ellas. El miércoles tengo reservado el coche todo el día, y espero que funcione el aire acondicionado, porque hoy hemos pasado de treinta con un solazo que no recordaba desde hace meses. Además el jueves es fiesta y todo el mundo se ha cogido la semana de vacaciones, así que se está la mar de tranquilo y el café de las 15:30 se prolonga hasta que la vergüenza lo permite.

Este fin de semana fue el regreso de la Tanqueta, el momento largamente esperado. Todo el mundo sabe que la muerte llegará algún día, pero nunca se sabe el momento exacto. Por lo menos la Tanqueta avisó con un par de semanas de antelación.

Vino con dos amigas brujas, un par de chavales y un tío que era la versión bávara en carne y hueso del muñeco de Michelin. El payo vio la lavadora nada más entrar. ¿Esto hay que bajarlo? preguntó, y se echó el bicho al hombro como si fuera una bombona de butano vacía. Cuatro pisos para abajo. Mientras tanto las brujas desmontaban la cocina y nos ponían a parir en bávaro. La Tanqueta montó en cólera cuando vio que las cosas no estaban exactamente como las había dejado hacía un año. Yo no sé qué coño pensaba, que aquello era un museo de la mierda o algo así. El momento álgido llegó cuando se dio cuenta de que faltaba un plato de un juego de tazas que para ella era algo así como el santo grial.

Estábamos hablando en inglés porque la Tanqueta se pirra por lo británico. Discutíamos sobre el destino sufrido por el platito de café. Natalí, con una torrija de cuidado debido al resfriado de una semana, le dijo que no podía usar la casa de almacén durante un año, y que las cosas se rompen (especialmente cuando los fines de semana hay una media de quince personas borrachas en la cocina). La Gorda le dirigió una mirada fulminante mientras contenía las lágrimas y daba rienda suelta a su ira:

---THIS IS NOT YOUR BUSINESS!! ---gritaba.

Yes, it's my businnes. I live here ---respondía Natalí (el hecho de tener una madre inglesa le proporciona cierta fluidez en el lenguaje de Chéspir).

SHUT UP!!! ---gritaba la Tanqueta poniendo la mano con dedos morcillescos como en las películas, así a modo de barrera.

Le intentamos explicar que había ocupado el sótano durante un año con toda su mierda, y que si quería le pagábamos el plato (15 euros), pero que entonces le teníamos que cobrar el alquiler del sótano durante once meses. Por detrás las brujas seguían pelándonos, esta vez en un inglés bávaro mucho menos convincente. La Tanqueta volvió a meter cacharros en cajas, fuera de sí y a punto de estallar en mil pedazos. Yo miraba la puerta esperando la ayuda española prometida, no para que ayudaran con la mudanza, sino para que nos protegieran de la ira de la Tanqueta. La tía debe estar en medicación contra la histeria, y si no lo está debería empezar. El último arranque de histeria recordado en Regensburg le llevó a destrozar a patadas la puerta de la lavadora porque no cerraba. Por lo menos no la tiró por la ventana.

Alberto llegó a primera hora de la mañana. Lo primero que hizo fue quedarse con la matrícula de la furgoneta. "De la furgoneta a la tienda de alquiler, de la tienda de alquiler a la dirección de la Tanqueta. Ahí es cuando entran en juego los rumanos..." ---decía. Luego bajó el tendedero y fue tirando deliberadamente las pinzas por el camino. ¡No la cabrees! gritaba el Chano, que la conoce bien porque tuvo la desgracia de vivir con ella. Las brujas comentaban que nos estaban jodiendo vivos, que nos estaban dejando el piso vacío y que lo íbamos a tener que comprar todo nuevo. Comprar una mesa de cocina y unas cuantas sillas es un precio dulce a pagar por sacar de mi vida a la Tanqueta. Sonrisas mandó un sms diciendo que su teutona le acababa de traer el desayuno a la cama y que aún tardaría un poco.

Al final todo acabó sin derramamiento de sangre, e incluso la Tanqueta se excusó por su comportamiento errático. Se ofreció incluso a comprarnos unas entradas de cine por los servicios prestados. "Por el culo te las puedes meter" le dijo el Chano gentilmente, viendo el pobre la luz al final del túnel.

El resultado: no mesa de la cocina, no sillas en el comedor, no tele, no estanterías en la cocina, no platos, no vasos, no cubiertos...La casa más vacía que una exposición de pintura moderna. Eso sí, con una acústica cojonuda, como pude comprobar al tomar la guitarra para entonar un "I'm free" de los Rolling. El más damnificado he sido yo, que vuelvo a dormir en el suelo y a apilar mis trastos en montones sobre el parqué. He dormido un mes sobre el suelo, así que puedo dormir otro. La Tanqueta ya debe de estar camino del infierno, cabalgando en una furgoneta de mudanzas con matrícula de Passau 5465.

La incursión en IKEA fue rápida y letal. Mesa de cocina en madera de primera con cuatro sillas por cien mortadelos. Platos y cubertería en general a mansalva. Un cielo azul y un futuro prometedor.

Esta mañana hemos pasado a ver al casero y, entre otras cosas, nos ha dicho que había un trato hablado con nuestro piso por el cual podíamos disfrutar del sótano mientras el casero no lo necesitara, momento que parece ser ha llegado ahora. Hasta del sótano nos hemos desprendido más o menos deliciosamente.

El cabrón del Fuckowski ha ganado el concurso de literatura de yoescribo.com. No puedo dejar de decir, desde esta modesta tribuna, que es un hijoputa con un trébol en el culo. Medio millón de pelas (3.000 euros) y un viaje a Mallorca con todos los gastos pagados. Dinero, fama, chatis... y yo aquí manteniendo una columna semanal que ni siquiera me sirve para ligar. Desde luego el tío se lo merece, pero en estos tiempos que corren no daba yo un duro por él. Algunos dirán: "Qué suerte tiene el tío". Bueno, la suerte se tienta. El simple hecho de tomarse la molestia de juntar unos cuantos relatos y mandarlos ya es más de lo que he tenido a bien hacer yo, y así me luce el pelo. De suerte nada, la suerte no existe.

Ops, lo dejo aquí que se acaba la batería. Esto ni es portátil ni es nada.

domingo, abril 24, 2005

Cofuzión

---Eztoy cofuzo... ---me decía Gorrino en la oreja en la disco de turno, después de del vino de la cena y media docena de Gin-Tonics. ---Zí, ez un mundo cofuzo... ---le contestaba yo.

Y es cierto, el mundo es cofuzo, sobre todo en las discotecas. Por más horas de entrenamiento sigo sin conocer cómo funcionan sus intrincados mecanismos.

Poco después de la cofuzión generalizada le expliqué a Ratuza que el pedazo de chica del que me había enamorado perdidamente había resultado tener novio. Tener novio a dos metros de distancia. Un amor fugaz. A veces el enamoramiento dura todavía menos de lo que dicen. Al preguntarle al monumento cómo se llamaba me dijo algo así como "BRIRIBRRRRII!!".

---¿BRIRIBRRRRII!!? ---me dijo Ratuza---. ¡Como el Dr. Zoidberg! (Futurama). Así que volvimos los tres camino a casa agitando las tenazas en el aire y zigzageando como el rosado personaje. "BRIRIBRRRRII!!". Le sacamos partido a todo. Por cierto, esa noche no teníamos ganas de salir y un poco más y ni entramos.

El fin de semana anterior, también con pocas ganas de salir, terminamos cargándonos la lámpara de la cocina, uno de esos globos de papel de tremendo tamaño con una bombilla dentro. Sí, claro, de la Tanqueta. Veremos qué opina al respecto. Como últimamente le sacamos el jugo a todo, le pinté unos enormes ojos y una sonrisa, y salimos a la calle con la lámpara en la cabeza saludando a los aturdidos teutones, capaces de cualquier cosa bajo el influjo de dos litros de cerveza pero incapaces de semejante chispa de genialidad. Modestia aparte.

El otro día me rechazaron la tarjeta de crédito en un comercio por no ir firmada. Es la primera vez que me sucedía. Le di la vuelta al plástico y vi que no estaba firmada porque tampoco disponía de la clásica banda blanca para garabatear con un boli.

¿Estás loco? ¿Cómo vas por ahí con una tarjeta sin firmar? ---gritaba Gorrino. Yo qué sé, soy de pueblo. Por lo visto hay que estampar un garabato en la retaguardia con un rotulador indeleble o algo así.

Sonrisas comentaba que él nunca firmaba las tarjetas de crédito porque así el comercio estaba obligado a pedirle el DNI. Dice que lo de firmarla en cuanto la recibes es un sucio truco del banco para quitarse la responsabilidad de encima en caso de pérdida o uso fraudulento, aunque normalmente ambas cosas van lógicamente asociadas. ¿Alguien sabe hasta qué punto se puede ir por ahí con una tarjeta sin firmar y qué grado de credibilidad tiene la historia de Sonrisas?

---Buf, a mí se me han ocurrido auténticas burradas con la tarjeta de crédito en Alemania ---comentaba Alberto al ser inquirido al respecto. ---No debería haber venido nunca a este país. He cancelado cuentas de amigos, con su permiso, claro, simplemente poniendo su tarjeta de crédito encima del mostrador del banco ---contaba.

El viernes estuvimos en el rastro, el Flohmarkt. Inmersión en el mundo del gitanerío teutón. Se vendía de todo, y la gente parecía no estar allí para timarte sino para venderte las cosas por un precio justo. La sensación era alienante. Alberto se interesó por una caja de metal que había contenido cartuchos de munción, sólo dios sabe en qué guerra. ---¿Cuánto vale? ---le preguntó al tío. ---Cinco euros ---dijo. ---¿Cinco euros? ---preguntamos los cuatro a coro seguros de haber entendido mal. ---Bueno, cuatro ---contraofertó el vendedor. Así pues, llegaron a un rápido entendimiento y Alberto se fué feliz con su caja verde de munición a casa, aunque con un cierto regustillo amargo por no haberse decidido también por una casa del ejército ruso con medallas y todo. También había una cartilla de racionamiento. En fin, cosas típicas.

¡¿Una cartilla de racionamiento?!, ¿cosas típicas?! ---me gritaron dos teutonas a las que explicaba en el café que andábamos buscando memorabilia y, en fin, cosas típicas. Cuenta Gorrino que, cuando estuvo en Berlin hace unos años, la gente vendía hasta máscaras antigás. Cosas típicas, oiga. ¿Yo qué quiere que le haga?

Me comunica mi progenitor que el martes tendré la moto aquí, junto con los guantes, el casco y la cazadora. Farruquito ya está salivando. Me propone un viaje a la República Checa en un par de semanas. Tengo unas ganas que no me veo de subirme a la moto.

El lunes estuve en la consulta del Dr. Zoidberg. Nada más sentarme en la silla le dije que 2000 euros no los pagaba ni aunque la enfermera me estuviera tocando entre las piernas desde que entraba por la puerta hasta que saliera, y que habría que encontrar otra solución. Le apunté que lo suyo sería dejar los dientes de abajo en paz, y simplemente enderezar las muelas superiores y acabar con el asunto. Se sentó al ordenador, fue marcando casillitas y me hizo un precio de esos de 9.99 pero multiplicados por cien. Le dije que empezábamos a entendernos, así que me puso un par de herrajes extra para hacer pivotar las muelas a marchas forzadas. Después de terminar la faena, me dijo:" ---Vamos a ver si se mueven. Normalmente están enraizadas en la mandíbula y no hay manera. De hecho ---siguió--- sólo las he visto girar en 4 ocasiones en 20 años de profesión". Cuando salí por la puerta me dije que, efectivamente, este era un mundo cofuzo.

Este próximo mes voy a estar trabajando para pagar al Dr. Zoidberg y para reponer todo lo que se lleve la Tanqueta la semana que viene. Es duro verlo así, pero así son los números, no entienden de sentimientos.

La cosa en Perry AG ha sido muy aburrida esta semana. De hecho, hacía mucho tiempo que no tenía tan poca faena. Estoy repasando algunas cosas y preparando el papeleo para los controles de calidad, a la espera de que me den hora para empezar a probar cosas en el Delorean. El tiempo pasa despacio y es muy aburrido leer las especificaciones del cliente por décima vez, aunque sigo encontrando cosas que había pasado por alto.

Parece que la primavera ha despertado a Pocholo. Creo que he recuperado el mojo. Mi vida social es imparable. Mis días son como capítulos de "Sex and the City" pero sin sex. Eso sí, empiezo a oír las risas de fondo.

Da gusto tener dinero, es una sensación que no había experimentado nunca. Por algún extraño motivo, paseo por los comercios y no encuentro cosas en las que gastar mi incipiente fortuna. ¿Estaré por encima del consumismo desbocado? ¿Cómo encontraré mi lugar en la sociedad? Lo último que he comprado ha sido un despertador que pone en hora solo por radiofrecuencia y un par de zapatillas. La pantalla del reloj ha salido defectuosa, y las zapatillas me han costado lo que pagué por la bici. Lo he apuntado bajo el apartado de "Inversiones en locomoción".

Aquí las zapatillas parecen un artículo de lujo, pero es que la gente se deja auténticas fortunas en comprarse todo lo que sale por la MTV. Se nota que todo el mundo tiene el riñón cubierto y que se lanzan a gastarse el resto en chorradas, mucho más aún que en España. Dolce Gabanna es una marca de tres al cuarto, y los teutones se dejan la tela en Gucci que no veas. Mientras tanto yo me compré una chaquetita la mar de apañada por 10 euros. Hay que ser previsor, que vete a saber qué pasa cuando termine el proyecto en Perry AG.

lunes, abril 18, 2005

Mudanza provisional

Vive la vida... vive la vida como si fueras a morir. Porque vas a morir. Odio ser el portador de malas noticias, pero vas a morir. Quizá no mañana ni siquiera el año que viene, pero antes de que te des cuenta, estarás diciendo: "¿Esto ha sido todo? ¿Por qué tanto follón? ¿Por qué me molesté?"

Así empieza "You'll have time", de William Shatner, un disquillo que me agencié la semana pasada. Este tío, con nombre de comandante del Enterprise, es un fenómeno. Las canciones son casi habladas, con buena gente detrás y todo muy bien acabado. Las letras son brutales. Si alguien tiene curiosidad, el album se llama "Has Been".

Esto me hace preguntarme otra vez por qué en inglés hay canciones cojonudas hablando sobre la muerte, el maltrato doméstico, dios, el sexo... y que son auténticas poesías musicales. En España lo más profundo que se puede escuchar es "Contamíname", "En tu fiesta me colé", "Legalización" o morralla sobre la patronal y el empresario extorsionador. Y la verdad es que no hay por dónde cogerlas. igual es que me va más el rollo exótico del inglés, o que no tengo sensibilidad. Vete a saber.

"Vive la vida como si fueras a morir", así que el jueves fuimos a los karts 13 Kollegen del departamento. En España los circuitos de karts dan pena: el asfalto está bacheado, el circuito es pequeño y estrecho, los karts son ferralla salida de un desguace y el tío que te los alquila lleva una camiseta interior de tirantes y se rasca el culo mientras apura el cigarrito. Te cobran 20 euros por 10 minutos y lo mejor que te puede pasar por el camino es no quemarte con alguna parte del motor o del escape.

Aquí había dos circuitos, uno exterior y otro interior. El exterior era una versión reducida del Jarama, pero mejor conservado: sus pianos pintados en blanco y rojo, su puente con las luces sobre la recta, todo cuidado al máximo detalle. El tamaño era tal que se podía correr dentro con un coche de verdad, y desde un extremo del circuito no se veía el otro. Según me pareció entender, todavía no ha comenzado la temporada de outdoor racing, así que corrimos en el de dentro.

El circuito de dentro era una pequeña maravilla instalada en una nave industrial. Los karts eran nuevos de trinqui, impecables, con asientos regulables en distancia a los pedales y sin una mota de polvo. Mientras mirábamos aquellas pequeñas virguerías y nos poníamos los cascos, nos explicaron cómo funcionaría la cosa.

Una tanda de 10 minutos de entrenamiento seguida de la carrera, de 20 minutos. Mientras dabas vueltas en los entrenamientos los tiempos se tomaban automágicamente. Una luz se encendía sobre la parte del circuito en la que había habido un accidente. Durante la intrucción el típico italiano preguntó si se podía chocar con los karts y hacer un poco el cretino. Después de la primera vuelta se contentó con no cagarse en los pantalones.

Después de los diez minutos de qualifying nos pararon y nos ordenaron en la parrilla, frente a los semáforos. Yo salía desde la cuarta posición mientras que Gorrino, que ya había corrido allí, se hizo con la pole. Las luces pasaron de rojo a verde y empezó la carrera. Me aupé hasta la segunda posición.

La sensación es bestial. No tienes un segundo de descanso y, cuando ves que te empieza a faltar el aire te das cuenta de que llevas medio minuto sin respirar. Después de la media hora subido al kart estaba deseando que terminara la sesión porque no podía ya más. Los brazos te duelen como el demonio de negociar las curvas, y los riñones sufren un huevo cambiando la posición de un lado al otro. Cuando acabó la carrera y nos devolvieron a los boxes, no podía salir del coche porque no me quedaban fuerzas. Me acordé de Nigel Mansell. Estábamos todos como sopas, y con un subidón de adrenalina que si nos hubieran dado brochas hubiéramos pintado la nave por fuera.

A la salida nos entregaron unas hojas con nuestros tiempos en cada vuelta, la vuelta rápida, la diferencia con el vencedor y la velocidad media. Las vueltas duraban unos 45 segundos. La velocidad media fue de 38 kph y, teniendo en cuenta que algunas curvas las hacías casi parado, no quiero ni imaginar a qué velocidad pasaba uno al lado de los bordillos. Gorrino se excedió en una curva y se estrelló lateralmente contra un muro. Hoy todavía lleva una moradura como si le hubieran disparado una bola de tenis a cien por hora. Y todo por 25 euros, un regalo, oiga. Ya estamos planeando una excursión los albóndigas para batirnos en un duelo a muerte. También se baraja un curso de paracaídas con dos saltos incluidos. Mamá, seguiré informando.

Hace dos lunes estuve en el dentista, el Dr. Zoidberg. Nada más entras volvimos a hablar de lo inclinadas que estaban mis muelas y a discutir el tratamiento. Acordamos que lo mejor sería hacer una radiografía y unos moldes para ver cómo se abordaba el asunto de la manera más óptima. Sabía que me iba a doler el bolsillo, pero a estas alturas quiero que la Sagrada Familia que llevo en la boca me quede lo mejor posible.

Radiografía de los piños, toma de moldes, fotos pornográficas con la boca abierta de par en par, fotos de perfil frente a una pared de fondo azul... En fin, volles Programm que decía Tsunamita cuando no pernoctaba en casa.

Viendo la radiografía era obvio que el Dr. Zoidberg tenía razón: las muelas superiores están inclinadas casi a 45 grados. Las de abajo no parecían estar demasiado a la bartola, pero la posición de sus compañeras superiores era intolerable incluso ante mis poco entendidos ojos. Usted dirá, le dije. Me dijo que me pondría el hierro de siempre pero con los extremos doblados hacia arriba, de manera que forzaran a las muelas a recuperar la verticalidad. Asentí con la cabeza y me pasó al potro de torturas.

El Dr. Zoidberg dio las intrucciones pertinentes y pasó una tierna y bella muchachita. Pensé en pedirle el teléfono, pero después de pasar media hora con un tubo colgando de la boca sorbiéndome las babas creo que he perdido cualquier opción. Entre los dos me pusieron el artefacto y me mandaron a casa con una cita para la semana que viene. Nadie me dijo lo que había costado la broma y ni siquiera me dijeron que tuviera que pagar.

A la semana siguiente llegó un sobre. Esperaba que fuera el mapa de un tesoro, pero fue un informe completo y por triplicado del Dr. Zoidberg. Tres páginas en alemán técnico-odontológico. Los números los pude leer. Se me antojó que los 220 euros venían a cargo de la radiografías, las fotos porno y los moldes de chicle. El resto de números parecían el presupuesto de defensa de los estados unidos. Llamé a Natalí.

Tras echar un vistazo, me comentó que parecía una hoja de ruta para alcanzar la perfección piñar. En el plazo de un año me iba a poner la dentadura de Robert Redford, pero yo no la iba a tener que dejar en un vaso por las noches. Y todo por el módico precio de 2200 euros. Me pregunté qué fumaba el Dr. Zoidberg en sus ratos libres.

El plan es este: Le digo al doctor que siga poniendo hierros para enderezar las muelas de arriba. Si voy un mes y no están tiesas, que lo cambie por otro nuevo. Las muelas de abajo se quedan como están. Cuando las muelas estén razonablemente verticales, se pone una cadena de cierre (ya conozco los términos técnicos) para cerrar huecos y un mes después se quita todo. Por mis cojones que se quita todo. No pienso comprarle una tele de plasma también a este dentista. Por si el Dr. Zoidberg no cooperara, he cogido una semana de vacaciones el mes que viene para ir a ver a mi timador original. Él sabrá que hacer. Siempre lo ha sabido.

El miércoles estaba tranquilamente en Perry AG cuando me llamaron de Proyecto. Nosotros trabajamos con unas señales propias, y el cliente tiene las suyas propias. Para hacer la traducción y unas cuantas cuentas por medio se hace lo que se llama la CAN spec, una especificación en la que se dice qué es qué y qué operaciones se tienen que hacer con ese qué. Si no hay CAN spec no va nada.

"Muy buenas" me dijo Roland. "No hay modificación planeada en el CAN spec para el nuevo software. Eso está bien, ¿no?". Ni de coña ---le dije---, sin CAN spec update ni siquiera van a subir las ventanillas eléctricas. Hmmm, vaya... ---murmuró---, ¿no comunicaste a la gente del CAN que había que hacer un update? Se me cayó el mundo encima. "Creo que venía en la hoja de tareas, así que son ya mayorcitos para leerla y ponerse en marcha. Yo no puedo estar en todo, mein Freund" le dije. "Ahá. Analizaremos el problema y veremos qué pasa" y colgó. Me entraron sudores fríos. Llevo poco tiempo en Perry AG, pero supongo que el hecho de que se retrase 15 días la salida de un software debe de ser bastante caro.

Me fui a casa y no pegué ojo. Al día siguiente miré la hoja de tareas y vi que, efectivamente, estaba planeado que alguien tendría que perpetrar un update en el CAN spec. Gorrino me dijo que, si estaba en la hoja, que no me preocupara. Algo más tarde me llamaron para decirme que durante la semana que viene se haría un update en el CAN spec. Volví a respirar por primera vez en 18 horas.

Como digo, empiezo a ser competente. Empiezo a hacer las cosas bien y ya no soy siempre el que la caga. Eso sí, cuando programen la mierda que he venido haciendo los dos primeros meses y la metan en el Delorean nos vamos a reír. Se me van a desencajar los piños de la risa...